Tradiciones en Halloween: de adulto, ¿todavía te disfrazas?

Estilo de vida

Hoy es 31 de octubre y desde hace unos días que vengo pensando en disfraces. El año pasado, con mi amigos, nos disfrazamos del Capitán Planeta y el combo que lo seguía. Yo tenía una camiseta amarilla y una pinta noventero-ochentera que me dio mucha risa. Incluía medias de corazones casi hasta las rodillas, shorts, botas… Pero antes de eso no estoy segura de cuándo fue la última vez que me disfracé en Halloween. Creo que fue cuando estudiaba cocina, que fue un disfraz más bien minimalista, con unas orejas de papel pegadas a una balaca y una colita gris que salía de mi saco. Era un ratoncito del que no queda ni una foto. Pero nadie más se disfrazó esa vez, entre mis compañeros de clase.

¿Todavía te disfrazas en Halloween?

En el colegio, recuerdo, sí era algo que pensábamos más. Los del último año eran los encargados de hacer la fiesta de Halloween para los más pequeños y siempre era una excusa para reírse. Cuando salgo en estos días de la casa, a la hora de los buses de colegio, veo a todos los niños que salen a clase. Siempre hay muchas princesas y animalitos, sobre todo en los niños menores. También hay del dibujo animado de turno, piratas, zombies, momias, muertos…

Hay ya disfraces clásicos. De hecho, cuando vemos la primera niña con vestido de princesa o el primer súper héroe en la calle o en un centro comercial, con mis papás empezamos a sentir que se acabó el año. Esta vez fue a principios de octubre, una Elsa, que seguramente no se aguantó las ganas de ponerse el vestido y aprovecharlo al máximo. Y al final… si no es para eso, ¿para qué está?

¿Halloween de adulta?

Pero creo que con el pasar del tiempo las veces en que me disfrazo en Halloween se van volviendo cada vez más espaciadas, de pronto más especiales por eso mismo cuando pasan y tengo tiempo, pero ya no está la urgencia de los 31 de octubre de cuando era pequeña y de qué me quería disfrazar. Ahora ya ni lo pienso si no hay nada programado (y eso que ahora tenemos una caja llena de pedazos de disfraces que no existía cuando estaba en el colegio). Ayer fui a una reunión en la tarde y llevé mi máscara de pollo, pero me la quité a los diez minutos de llegar. Igual que mi papá. Nada especial, pero la foto con mi papá el vikingo y Emilia el pingüino valió la pena.

#Halloween!

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¿A ti te pasa algo parecido, o sigues te sigues disfrazando con el mismo impulso que todos los años anteriores? ¿O ya no te disfrazas? Al final, es solo un juego… pero jugar es bonito, ¿no?


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