Días en el museo

Estilo de vida

Días en el Museo Nacional de Antropología

Sé que este se parece al nombre de una película, pero trata más de mis días en el punto de información del Museo de Antropología en México, donde comencé una práctica en junio. El trabajo va de una de la tarde hasta las seis. En ese momento cierra la caja y dejamos de dar mapas e información. Es algo rutinario y, si el museo está muy solo ese día, hasta aburrido.

Pero ha sido toda una experiencia, y no solo por la oportunidad de ver por dentro uno de los que considero de los museos más importantes del mundo. También por el trato con la gente: ver cómo se comportan los que viajan, conocer a la gente del museo y ver que sí, sí puedo entablar relaciones con las personas que veo todos los días. Creo que México podría ser fácilmente un lugar que llamara mi hogar, más allá de Fer y de Andrea.

La experiencia en el museo

Cuando se acerca alguien al mostrador, le damos un mapa y se lo explicamos brevemente. Primer piso arqueología, segundo etnografía, las salas más visitadas son estas. A veces van con un propósito claro, como ver una pieza o una cultura en particular. Por cierto, el calendario azteca por el que pregunta mucha gente no es un calendario. Tiene algunos glifos del calendario maya, pero no es uno en sí. Se llama la Piedra del Sol.

También resolvemos dudas varias, si podemos. Un día fueron un par de chinas o japonesas a preguntar cómo podían llegar a un centro comercial que tenía un nombre de tres palabras y bolsas amarillas. Su inglés también era algo precario, pero al final dimos con que iban al Palacio de Hierro y se los anotamos en un papel para que lo dieran un taxi.

Otro día una pareja de lo más linda de viejitos (casi de noventa años) fueron con quien podría ser su hijo. Luego de explicarles, el señor nos preguntó si había sillas de ruedas y, luego de que le explicáramos dónde pedirlas, le preguntó a la señora si quería una. Su respuesta, que nos hizo sonreir, fue algo de la línea de “yo no quiero nada de eso, pero si tú quieres, adelante”. El hijo empujó la silla de ruedas del papá. Al salir nos preguntaron por cursos y talleres y se alejaron abrazados. Es de las parejas que cuando veo pienso “quiero ser así cuando sea grande”.

Y al final, ¿era la práctica que esperaba?

No, realmente, sería la respuesta corta. Me imaginaba algo más exigente, que supusiera mayor esfuerzo intelectual y poner en práctica más que mis idiomas. Antes de empezar estaba bien nerviosa porque no estaba segura de que sabría lo suficiente. Pero supongo que es, más bien, ir al inicio. A lo básico, operativo y sencillo, para que luego (donde sea que trabaje) pueda entender el trabajo de los otros. Para entender otra vez cómo funcionan las familias grandes que son las empresas. Como cuando trabajé en cocinas, pero ahora en contacto con las personas. Además, aprender algo más de antropología en las visitas guiadas cuando me invitan a una si no estamos con mucho trabajo.

Al final, por más que tenga ratos aburridos de vez en cuando y días en que las horas parecen de 120 minutos, ver a la gente, los grupos de amigos que van, las familias, las parejas de todos los tipos, los papás que van con los hijos a hacer la tarea, me ayuda a pensar en las personas y ver cómo somos de distintos y de parecidos al mismo tiempo. Ver la complicidad y las bromas entre los trabajadores del museo y ver cómo me incluyen cada vez más, me hace feliz…

A ver qué más cuento cuando termine la práctica y tenga que volver a clase en agosto.


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No Comments

  • Reply
    andresardila
    19/07/2016 at 7:52 am

    La oportunidad de conocer ESE museo POR DENTRO es única. El museo es un ente vivo conformado por sus extraordinarios tesoros y por la gente, tanto la que lo visita, como la que lo hace respirar. Ojalá hayas crecido con esta nueva experiencia!

    • Reply
      adelaida1989
      20/07/2016 at 12:45 pm

      Mucho mucho! Es un museo divino, con gente divina 🙂

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