A propósito de los diarios de viaje: una historia y un consejo

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Una historia: diarios de viaje

¿Puedes buscar un cuaderno de hace diez años y ver lo que pensabas de un lugar cuando lo conociste y quedaste mudo un rato?

Hoy voy a escribir justo de eso, de los diarios de viaje. Con una historia.

A principios de este semestre, teníamos una salida de campo con la universidad. El destino, que cambió un montón de veces, fue finalmente la provincia de Imbabura, Ecuador. Por allá estuve en el 2009 cuando comenzaba una nueva aventura con Pablo, después de terminar de estudiar cocina. Un par de semanas antes de salir, me dio curiosidad. ¿Qué había pensado yo a los veinte de ese lugar? Recordaba los artesanos, el helado de paila, las enfermedades del estómago, pero… ¿qué más había?

La solución, para tener a mi versión más joven contándome una historia y los datos curiosos del día, fue lógica: buscar uno de mis diarios de viajes. No fue el primero ni el último que he hecho. Creo que ese premio se lo llevaría una libreta en papel reciclado con unas salamandras que ahora veo y me parecen de lo más feas, que hice en el 2000.

Tenía 11 años, estaba en una finca en la nada y mi nuevo mejor amigo era Harry Potter. ¿O tal vez sería ese cuaderno que de pronto está en algún lugar todavía, donde conté todo lo que me pasaba en un campo de verano? Después fue el turno de lo que intentó ser “México 2006” (pero que abandoné a la semana de viaje); de “Sur América 2009: la travesía” (la que fui a buscar para leer sobre mi percepción de Imbabura); de “Australia 2010-2011”, aunque no sé si esa esté en el límite de diario de viaje o diario y punto; y de “Sudeste asiático 2011”. Entre otras. Creo.

¿Y a dónde va todo esto?

Todo eso va a lo mismo: resguardar la memoria, plasmar no solo lo que se ve en las fotos sino lo que se siente, lo que da risa en el momento, lo que se sufre en algún lugar. Todo vale. ¿Lo has hecho? No es lo mismo que un álbum de fotos, por más que me encanten y los valore. Un diario de viaje es algo más inmediato, más sin depurar, más puro en la experiencia. Lo haces para ti. Un álbum de fotos es para ti, pero también para mostrarle a la abuelita donde estuviste. O la versión moderna, en facebook, para que tus amigos se enteren.

Para mí, el proceso siempre es más o menos igual: ¿viaje fuera de lo común? Hora de buscar una buena libreta o de escoger alguna que todavía no haya tenido un propósito definido. Cada día durante el viaje, tratar de ser juiciosa y anotar lo que hice (siempre me desfazo al menos un par de días). Complementar con dibujos. Colorear. Creo que al principio es algo que hacía más por placer a la escritura que por pensar en lo que sentiría cuando leyera las historias, años después.

Pero eso ha cambiado. Ahora, al regresar, dejo esa libreta en el estante de mi biblioteca reservado a los diarios de viaje, a esos compañeros que me pueden contar historias que me llevan a la risa o a las lágrimas.

Otavalo e Imabura: leer un viaje pasado, preparar un viaje futuro

Ese fue el caso de Otavalo e Imbabura. Leer sobre las artesanías, que en buena medida me siguen pareciendo indescriptibles, de la frustración que habíamos tenido por no poder conocer a las personas de las comunidades indígenas en Cotacachi (¡pensar que este año me hospedó la familia más amable!), del pedialyte de Pablo y cómo en un restaurante le hicieron puré de manzana y zanahoria tal como lo había recetado el médico. Cosas que, si no hubiera escrito, probablemente se habrían perdido en el vacío entre las cinco fotos que conservo de esa semana. Después de leer un rato, reírme, que se me aguaran los ojos al ir más allá y leer el recuento de “Nos robaron todo. Plata, ropa, maletas, pero sobre todo fotos”, estaba lista para una salida de campo en la que solo esperaba crear nuevos recuerdos de un lugar en el que ya había estado.

¿Y tú?

¿Has hecho diarios de viaje? ¿Al menos uno? ¿Cuándo fue la última vez que lo hojeaste? ¿Lo usas para algo más? Si nunca lo has hecho, te invito a que comiences cuando vuelvas a salir a un lugar nuevo y desconocido. Cuando viajes, escribe. Luego, lee y recuerda.

¿Quieres leer más sobre consejos de viaje?

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No Comments

  • Reply
    Ch
    20/07/2016 at 5:36 am

    Me encanta esta entrada! estoy totalmente de acuerdo! yo también he hecho miles de diarios de viajes (tanto que me he decidido a abrir un blog!) y leer lo que escribí me hace volver exactamente a aquellos días, recuperando mis emociones como si hubiera pasado el día anterior. He encontrado una persona como yo, gracias!

    • Reply
      adelaida1989
      20/07/2016 at 12:46 pm

      Me alegra que te haya gustado, me voy a pasar por tu blog a conocer tus viajes! Tal vez tengamos más historias en común 🙂 Gracias por comentar!

  • Reply
    MARIA VICTORIA SAMUR
    19/07/2016 at 5:44 pm

    Ade muy entretenido!! sigue escribiendo, que tus lectores lo disfrutan!

    • Reply
      adelaida1989
      20/07/2016 at 12:46 pm

      Gracias Mato! Es la idea 😉

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